EL PERDÓN (Agosto)

Viernes 15 de agosto de 2016. Alcudia.

Canaliza: Mireia Adelantado Franch.

 

EL PERDÓN

 

   El perdón es un náufrago en vuestros corazones. Malentendido, usado y dejado de lado para autosatisfaceros. Perdonáis por fórmula, no por sentimiento del ser en común-unión con todo y con todos.

 

   Creéis que como si fuerais a ordenar caballero al otro, tenéis la capacidad de perdonarlo y absolverlo de su dolor con vuestra decisión de otorgarle el perdón.

 

   Malcreéis muchas cosas pero la utilización del perdón es causante de grandes errores en vuestro caminar en la Tierra. Perdonáis por sistema, porque creéis que es un poder divino que podéis usar y tirar como si fuera de vuestra propiedad.

 

   La propiedad del perdón no es real. No podéis perdonar creyéndoos que poseéis la fórmula del perdón.

 

   Parad.

   Retomad.

   Reflexionad al respecto.

   ¿De dónde nace vuestra capacidad de perdón?

 

   PERDÓN

  

 

   Es el don de per-manecer en el ser sin descanso. Sin limitaros a vosotros mismos ni limitar al otro.

   El perdón es un don, un regalo que no puede ser usado sino tomado con gratitud y desde la humildad sin esperar ser mejor que el otro para perdo-narlo.

   El don de per-manecer en el ser es en todos por igual. 

   Ya es.

   Tomar el don de permanecer en el ser es decisión de cada uno. Una decisión que no puede ser tomada por el otro ni otorgada.

   No decidáis lo que el otro es, pues erraréis.

   Yo te perdono, es = yo no te tengo en cuenta como ser. Te someto a mi “perdón”, a mi voluntad. Te otorgo “yo” el perdón. “Yo te otorgo el don de volver a ser digno de ser”.

   ¿El otro es vuestro súbdito?

   Perdonar es amar, y en silencio crecer al unísono con todo y con todos. Con el otro de la mano sin necesidad de otorgarle nada. Sintiendo vuestra y su dignidad del regalo de ser.

   El perdón es en cada uno directamente nacido en él y no en el otro.

   Cuando un corazón se abre al ser, el perdón asoma a él como un aliento fresco y  despierta en el otro el mismo aliento. Sin necesidad de hablar, hacer o decir.

   Sutilmente el perdón es deshojado por ambos seres en común-unión sin pensar ni delimitar quien de los dos ofrece el perdón al otro. Pues eso sería la raíz del sometimiento.

   Ambos lo toman en ellos. El perdón es el soplo del alma en cada uno de nosotros sin atar al otro. Pues se halla en nosotros cual oruga que en sí porta el florecer de la mariposa.

   Nada es desoído en el don de permanecer en el ser.

   Todo encuentra su lugar, todo se recoloca y recupera el sentido original. Nada se esconde, en el perdón todo se libera de lo que no es. En cada uno para él y para todo y todos en él, no en el otro.

   La raíz del perdón se encuentra en el núcleo del ser no en el decir o en el hacer. 

   El don de permanecer en el ser no tiene límites ni puede ser delimitado por ninguno de los seres. Es en la inmensidad del ser.

   Cuando parece que alguien te agredió rectifica tu sentir. Retoma el don de permanecer en el ser, antes de pronunciar la palabra perdón, y sentirás la magia del perdón en lo más profundo de ti. Y en ese momento no hará falta que hables con el otro, él también sentirá la magia. Y en tus ojos leerá: “ Yo también puedo permanecer en el ser ”. 

   Su decisión en ese instante de tomar el perdón en él, es y siempre será libre. No depende ni dependerá de vosotros. Siempre es y será en libertad.

   Comprobadlo día a día, en todos y cada uno de los agravios que sentís. Si así lo hacéis no tendréis la necesidad de pronunciar la palabra perdón, desaparecerá para dar paso a la máxima expresión del perdón en vosotros.

   Para ello no hace falta entrenamiento sino voluntad de tomar el don de permanecer en el ser, que ya es en cada uno de vosotros. Y vuestra decisión es y será siempre en la mayor libertad que existe. Para vosotros y para el otro así es y será siempre.

   ¿Quién perdona a quién? Absurdo ¿no es cierto?  

   Ser lo que sois en el don de permanecer en el ser.

   Recordad que la justicia no se consigue con perdonar al otro. La justicia reside en la voluntad de tomar el don de permanecer en el ser, cada uno en él.

   No habléis.

   Cuando sintáis agresión, no respondáis.

   En silencio, tomad el don de permanecer en el ser y floreceréis sin sentir agravio alguno. No hay mayor libertad.

   Si así lo tomáis nunca más necesitaréis perdonar al otro. Ni salvarle, ni juzgarle, ni, en todas esas acciones, someterle mostrándole “perdonado por mi “.

   No hay agravio hermanos sino falsa creencia de desamor. No hay paraíso más allá que vosotros podáis conseguir, no hay nada que no sea Unidad.

   Recordad que la creencia de paraíso o infierno forma parte de la dualidad, por lo tanto no es Unidad. No es real.

   Aquel que permanece en el ser tomando el don que ya es no busca un paraíso o un infierno fuera de él, en el más allá.

   En presente y en presencia es en el don de permanecer en el ser.

 

 

   Con amor desde Sirio y Pléyades en Unidad.