LA CALMA (Julio)

Viernes 15 de julio de 2016. Pamplona.

Canaliza: Mireia Adelantado Franch.

 

LA CALMA

 

   Cada nube que pasa genera un espacio de reflexión en el cielo de nuestro corazón. La nube es un camino que nos propone profundizar en el encuentro hacia la esencia del ser que somos.

   La calma es la única forma de profundizar en la nube. En esa nube se encuentran amontonadas nuestras dudas, nuestros desencuentros, nuestras pesadillas, nuestros truenos y relámpagos. En la vorágine de la tormenta se nos invita a mantener la calma y a no querer que esa nube desaparezca sin más. Pues en ella se encuentra la verdadera esencia de no controlar nuestro proceso en la Tierra.

   La nube, saben bien los campesinos que trae alegría al campo. Sin ella el cereal no enraizaría como es debido y aunque a veces la nube trae una tormenta aparentemente desalentadora, los campesinos saben bien que aun y en el caso de que la nube inundara el campo no sería una inundación si no la limpieza del campo y del cereal caduco. Necesitando ser removida la tierra de nuevo y sembradas nuevas semillas de cereal.

   La calma permite al campesino ver el mensaje de la verdadera necesidad del campo, alejada a veces de su propia creencia de necesidad.

   “No es cuando yo quiero, ni como yo quiero” –dice el campesino mirando la nube, la tormenta, el campo y el cereal-. “Es cuando y como marca el tiempo universal al que todos pertenecemos”.

   Desde la calma el campesino puede retomar la nueva cosecha con perseverancia recordando al sembrar que otra nube vendrá para cuando corresponda volver a sembrar un nuevo cereal.

   Aprender a sembrar desde la calma es fundamental para reencontrarse a cada instante con la realidad. La nube cumple la labor de favorecer ese reencuentro que muchos no reconocéis como parte de vuestro proceso vital sino como impedimento. Algunos queréis borrar, para hacer desaparecer esa nube y con ella la incitación a sembrar una nueva cosecha, retrasando así el reencuentro con vuestro estado original de forma perenne. De este modo decidís permanecer en la forma caduca de la vieja siembra que os pide ser renovada bajo vuestros ojos negados a ver su petición. Entonces os acompañáis los unos a los otros en el lamento: -que mala suerte tengo que mi cosecha, mi vida, no da los frutos que yo deseo. No lo entiendo, yo hago todo lo posible para que la siembra fructifere, pero está estanca, no crece, le cuesta y me canso de insistir. Pero sobretodo que no pase la nube porque entonces tendré que volver a empezar y ya he hecho suficientes esfuerzos para mantener esta cosecha como para empezar de nuevo.

   La calma os permite ver claramente vuestro propio engaño y decidir si lo tomáis como el aprendizaje que es o no.

   Afortunadamente la nube no responde a vuestras peticiones engañosas y fructifera en el campo siguiendo el ritmo y el tiempo universal, del que todo y todos formamos parte y que no podemos ni corresponde querer controlar.

   La paciencia, la calma y el tesón son la fortaleza que permite al ser retomar su lugar, acogiendo la nube como el mensaje de paz que el universo le regala al ser constantemente.

   Aquel que toma el regalo deja de querer anclarse en la vieja cosecha que con amor cumplió su función y abraza la nueva siembra con la alegría y la seguridad de caminar al ritmo y al tiempo correspondientes. Muchos intentarán impedir que así sea con sus quejas y relámpagos ficticios.

   Abrazando la calma el campesino podrá ver de nuevo la verdadera función de la nube y avanzar en la nueva siembra sin juzgar a aquel que le quiere anular con su queja en la vieja siembra.

   El acompañamiento de la nube es un regalo preciado que en la calma fructifera y se materializa en un nuevo trigo más alto, más fuerte, más luminoso y nutritivo que el anterior porque éste ya cumplió su función dando paso al nuevo nutriente.

   ¿Cuál es vuestra forma de vivir la siembra, la nube, la nueva cosecha, la queja de los demás y la calma? ¿Dónde colocáis vuestra fortaleza? ¿Abrazáis el ritmo y el tiempo universal? ¿Posponéis, adelantáis, retrasáis, olvidáis, rechazáis la nueva siembra? O ¿La abrazáis al ritmo correspondiente desde la calma sin esperar que esa sea la última nube?

   De vuestra forma de mirar la nube dependen la vieja y la nueva siembra.

   Caminad en la calma con serenidad para retomar el ritmo y el tiempo universal en vosotros.

 

 

                                                                                                          Anael.