La nueva justicia

Pamplona. Septiembre 2014. Diario de Noticias.

 

LA NUEVA JUSTICIA.

Jesús Luis Fernández Fernández..

Abogado y canal de sanación.

 

   Desde que en la antigüedad nuestros antepasados comenzaron a convivir, primero en grupo y después en sociedad, fueron surgiendo lentamente las normas de convivencia. Tras una larga evolución a lo largo de la Historia, las sociedades modernas han acabado estableciendo unos ordenamientos jurídicos que son las normas con las que se pretende hacer posible la convivencia. Sin embargo, siento que a pesar de los enormes esfuerzos de muchos por conseguir y aplicar leyes justas, y de la aparente bondad de las normas que hoy tenemos, queda la sensación de que nuestro ordenamiento jurídico -el de cualquier país que pongamos como ejemplo- no soluciona los problemas de la convivencia ni tampoco las consecuencias que se producen ante cualquier agresión, tanto para la víctima como para el agresor.

   Las sociedades antiguas ya establecieron severos castigos como medio para atajar, aminorar o simplemente responder a las agresiones sufridas. Las sociedades actuales hemos heredado y adoptado estas prácticas, y dándoles un barniz de modernidad las utilizamos en la aplicación diaria de la Justicia. Sin embargo, parece estar claro que dichos castigos, por muy severos que sean, no logran reducir los actos de agresión. Tampoco disminuyen los comportamientos violentos en los países que tienen establecidas graves condenas e incluso la pena capital como castigo máximo. A lo anterior hay que añadir que parece que a las víctimas tampoco les contenta ni les sirve como reparación la imposición de graves penas a sus agresores. En resumen, tras miles de años de evolución desde la aparición de las más primitivas normas del Derecho hasta nuestra actual y moderna Justicia, se puede llegar a la conclusión de que el sistema no funciona. 

   Hay un principio básico -y lógico- del derecho penal, consistente en considerar como atenuantes determinadas circunstancias relacionadas con la comisión de un delito. Así, el estado de embriaguez, la toxicomanía, el arrebato, etc. suponen la disminución del castigo a imponer. Pues bien, en relación con ello se vienen introduciendo en nuestra administración de Justicia, aunque sea muy tímidamente, algunos elementos innovadores y esperanzadores.  Así, en la Fiscalía de Menores de Madrid se ha trabajado echando mano de los principios sistémicos y el trabajo de constelaciones familiares aportado por Bert Hellinger como medio innovador aplicable también a la Justicia. Sirva como ejemplo el caso de una menor que, con falsedad, había denunciado a su padre de abuso sexual. En este caso y tras el trabajo realizado por la Fiscalía y el Equipo Técnico de Menores a través de las constelaciones familiares y aplicando las leyes que rigen los sistemas familiares (lo que Bert Hellinger llamó los “Órdenes del Amor”) se llegó a comprender qué había llevado a la menor a llevar a cabo tan grave conducta, pudiéndose comprobar que el comportamiento de la joven estaba absolutamente condicionado por lo ocurrido a su bisabuela paterna muchos años atrás, durante la Guerra Civil.

   En relación con estas herramientas innovadoras, merece la pena subrayar que en el Colegio de Abogados de Pamplona se han llevado a cabo últimamente dos cursos de “mediación sistémica” en los que se muestra la resolución de conflictos a través de la mediación, trabajando con los principios y herramientas sistémicas, es decir las utilizadas en las constelaciones familiares.

   En los trabajos de constelaciones familiares se descubre que la mayoría de los actos relevantes que llevamos a cabo las personas -también los más graves, esos que el ordenamiento jurídico recoge como delitos- vienen condicionados total y absolutamente por lo ocurrido a nuestros antepasados o en existencias pasadas entre agresor y víctima. Por ello, en estos trabajos, quitándoles a tales actos “dañinos” toda carga de prejuicio y juicio emocional, apreciamos que los comportamientos que muy a menudo podemos tener cualquier persona frente a quien sea: nuestra pareja, padre, madre, hija, hermano, vecino, etc. vienen totalmente condicionados por lo ocurrido en el pasado.

   En las constelaciones familiares se resuelve el desarreglo de que se trate mediante la mirada a lo sucedido sin juicio alguno, con actitud amorosa frente a lo que haya ocurrido, sea lo que sea. Tan sólo así, desde esa mirada amorosa y reparadora pueden sanarse y liberarse agresor y víctima. Posibilitando de esta manera que desaparezca el síntoma o trastorno que puede estar afectando a ambos. Y por ello, necesariamente, también al sistema familiar.

   El día en que nuestra Justicia -nuestra Sociedad que la ha establecido- dejando atrás la rigidez que tradicionalmente le ha acompañado, se abra a esta nueva forma de ver la Vida que está llamando a nuestras puertas y comprenda que el actual sistema punitivo no funciona y que hay otros medios que pueden abrirnos a una Justicia de verdad, habremos dado un gran paso. Cuando seamos capaces de ver y comprender que cuando alguien agrede se causa el mismo daño a sí mismo, y que enviarle a una prisión no le ayuda ni a él ni a su víctima, ese día estaremos en el buen camino.

   Y llegará un día que tendremos una Justicia verdaderamente reparadora. Esta nueva Justicia se basará en el Amor. Y se impartirá tomando a agresor y víctima para que juntos miren qué fue lo que le llevó a uno a dañar al otro. Y es posible que descubran que ya se habían producido agresiones mutuas en otro tiempo, lo que inconscientemente provocó el agravio actual. Y una vez vista la verdad y desde la comprensión de que quien daña a otro se daña a sí mismo, y que a su vez la víctima si se siente agraviada y con rencor aumenta su padecimiento, se estará en condiciones de sanar y resolver verdadera y definitivamente. 

   Llegará un día en que la Justicia será así. Puede parecer que ese día está muy lejos pero si nos abrimos a ello veremos que ese día ya está amaneciendo.